2026-05-16

La lista de Moriyasu le quita un poco de brillo al relato de Japón

Cuando salió la lista de Japón, lo primero que pesó no fueron los nombres presentes.

Fueron los ausentes.

No está Kaoru Mitoma. No está Takumi Minamino. Tampoco está Hidemasa Morita. Para una selección que durante años fue descrita por su técnica, sus bandas y aquellas noches de Mundial en las que hirió a equipos enormes, la lista llega como una manera de quitarle el filtro a la historia antes de empezar.

El aficionado se acostumbró a imaginar a Japón desde la izquierda, con Mitoma frenando al lateral antes de romperlo. Se acostumbró a Minamino apareciendo entre líneas, cerca del área, donde un solo toque cambia la jugada. Se acostumbró a creer que Hajime Moriyasu siempre podía recomponer el orden con piezas conocidas.

El Mundial rara vez respeta un reparto perfecto solo porque el relato sea cómodo.

Moriyasu sí lleva a Yuto Nagatomo. Wataru Endo sigue en el eje. Varios jóvenes quedan empujados hacia una luz más intensa. Lo interesante de esta lista no es si parece conservadora o atrevida. Es la pregunta que obliga a contestar: cuando no está la salida más bonita, ¿Japón todavía puede jugar como Japón?

El nombre de Nagatomo tiene memoria.

Ha vivido demasiadas noches mundialistas para sonar como un suplente cualquiera. Sudáfrica, Brasil, el golpe ante Bélgica en 2018, las victorias contra Alemania y España en Catar. Ya no es aquel lateral que podía decidir un partido repitiendo carreras por la banda. Ahora aporta una voz que sabe lo cruel que se vuelve el torneo cuando llega el minuto 88.

Endo trae otro peso.

A Japón se le suele elogiar el pie, los ángulos de pase y la forma de salir de la presión. En una Copa del Mundo, lo que evita que un equipo se rompa suele ser menos elegante. Endo tiene que estar en la segunda pelota, cubrir al lateral que acaba de retroceder y decidir si conviene hacer falta, cerrar o saltar hacia delante después de una pérdida.

Takefusa Kubo tendrá que cargar más filo.

Sin Mitoma, Japón pierde un imán natural en la izquierda. Cada giro de Kubo entre la derecha y el carril central deja de ser un lujo. Debe mover los ojos de los defensas, esperar una fracción y meter la diagonal cuando el ataque empieza a volverse plano. La estructura mantiene vivo a un equipo. El filo gana la noche.

Ese es el verdadero riesgo de la lista de Moriyasu.

Japón ya demostró que puede hacer daño a favoritos en un partido. Alemania lo sabe. España lo sabe. Bélgica también. Lo que todavía debe demostrar es si puede convertir ese dolor en control durante varias rondas eliminatorias. Sin Mitoma y Minamino parece más difícil, pero también más parecido a lo que de verdad es un Mundial.

El torneo casi nunca da una plantilla perfecta. Da lesiones, dudas, cambios de forma y un jugador que parecía titular mirando desde casa. Después pregunta algo muy simple.

¿Pueden jugar igual?

Japón puede. Esta vez el examen parece más adulto. No se trata solo de otra sorpresa, sino de unir presión, coberturas, salida por banda y remate cuando faltan algunas respuestas familiares.

El esqueleto actual es claro: Nagatomo aporta memoria, Endo protege el centro, Kubo asume más creación, y la defensa necesita el cuerpo y la lectura de hombres como Takehiro Tomiyasu y Ko Itakura. Las ausencias de Mitoma, Minamino y Morita hacen que la lista parezca menos familiar, pero también dejan a Japón con menos lugares donde esconderse.

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